Me acuerdo de los días en que empezamos a hacer cerveza.
Fuimos parte de la generación en México en la que todavía había muy pocos equipos de cocción en el mercado, ningún proveedor de ingredientes, poca o ninguna cultura cervecera y ni siquiera una demanda real para lo que estábamos creando.
Sin embargo, el movimiento se venía gestando por debajo y era solo cuestión de tiempo para que llegara el boom, sobre todo porque ya era una realidad en Estados Unidos y Europa. Entre 2012 y 2015, los cerveceros artesanales de México arrancamos con pasión por la cerveza, con ganas de experimentar y de mejorar todo el tiempo, y aunque el mercado casi no existía… ¡tuvimos que crearlo nosotros mismos!
Impulsados por nuestra pasión y la determinación de que la gente probara algo más allá de la cerveza “rubia” o “negra”, presentamos algo distinto, ¡y eso es lo que representa la cerveza artesanal! Algunas personas se acercaron a estas nuevas cervezas porque las inspiraba el deseo de ser mejores y diferentes de las grandes marcas “macro”.
Hoy somos parte de una industria claramente consolidada en México y en el mundo, con estructuras sólidas como taprooms, distribuidores, importadores, proveedores de equipos, salas de degustación, restaurantes y hasta cervezas artesanales en las góndolas de los supermercados. Aunque solo unos pocos sean verdaderos amantes de la cerveza artesanal o consumidores habituales, la mayoría de la gente al menos sabe qué es. Hoy, por fin, podemos hablar de un producto diferenciado.
El próximo gran paso para nuestra industria es la profesionalización a través de tecnología accesible y a buen precio.
Es la clave para convertir la pasión en un negocio sustentable, y justamente ahí es donde entra Foambyte.

